Baja autoestima

Uno de los grandes males de este siglo es la baja autoestima. Mientras que algunos niños se defienden de su baja autoestima actuando como verdaderos mafiosos en la escuela, otros, con el mismo problema, sufren las consecuencias de los actos de los primeros y al final entramos en un bucle que demuestra la teoría esa de “la pescadilla que se muerde la cola” porque se convierte en el cuento de nunca acabar.

Ante este tipo de casos, obviamente tendemos a proteger al menor agredido, al acosado, al que sufre de bullying pero no nos damos cuenta de que a veces el acosador está tan perdido como el otro niño, sólo que su manera de demostrarlo es tan nefasta que no podemos premiarlo protegiéndolo, sería de locos. En ambos casos hay que enseñar al menor qué deben hacer, cómo deben comportarse y cómo deben quererse, pero no es tan fácil como parece.

Hace unos años mi sobrina sufría ese mismo problema. Una tontería tan grande como tener los dientes movidos fue suficiente como para que empezaran a burlarse de ella llamándola conejo y pasaran de las burlas a los insultos, de los insultos a los empujones y de ahí a los golpes al grito de “lárgate conejo”. Y todo ¿por qué? Pues porque sus “palas” delanteras sobresalían demasiado y sus padres estaban ahorrando para ponerle aparato.

En cuanto nos dimos cuenta en casa de lo que sucedía nos pusimos en contacto con el colegio que, en contra de lo que suele ocurrir, respondieron inmediatamente y convocaron una reunión con todos los padres de los niños que iban a la misma clase que mi sobrina, y luego tuvieron una charla con los niños. No hubo castigos, no se dieron nombres, pero fue suficiente como para que los padres se preocuparan y pudieran las cartas sobre la mesa en casa. Tuvimos suerte, lo sé, y para evitar un complejo mayor que parecía ir creciendo en la pequeña aportamos un poco cada familiar y la llevamos a esta clínica dental en Las Palmas donde ahora recibe tratamiento de ortodoncia.

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Graves problemas

Y es que a veces no nos damos cuenta de lo peligroso que puede llegar a esa tener una baja autoestima.

  • Dificultad para relacionarse con los demás y expresar tus sentimientos, problemas y vergüenza de expresar sus opiniones.
  • Tristeza y depresión. Tendencia a sufrir depresión debido a que no terminan de aceptarse a sí mismos.
  • Problemas de aprendizaje. Algunas personas, sobre todo niños, creen que no son capaces de aprender o comprender ciertas cosas y eso les lleva a tener problemas de aprendizaje que, en realidad, no son tales.
  • Dificultad para alcanzar las metas y establecer proyectos de futuro. La falta de confianza hace que se tengan pocas aspiraciones a lograr algo en el futuro, la mayor parte de las veces por miedo al fracaso.
  • Problemas de personalidad. No confían en sí mismos y no se muestran tal como son por lo que acaban imitando conductas e incluso pensamientos de los demás para poder ser aceptados y evitar mostrarse tal y como son en realidad.
  • Trastornos de alimentación. Esa misma necesidad de ser aceptados y de agradar hace que algunos niños y adolescentes con baja autoestima acaben teniendo trastornos alimenticios que, en ocasiones, vienen precedidos por trastornos de ansiedad.
  • Apatía y desinterés. ¿Para qué mostrar interés por algo si no hay nada que se les dé bien? Eso piensan algunas personas con baja autoestima que a pesar de sentir una cierta atracción hacia algunos hobbies optan por desestimarlos pensando que no serán capaces de realizar ninguna actividad.
  • Dependencia económica, afectiva y laboral. Algunas personas pueden sentir que no son capaces de lograr nada por sí mismas y por este motivo establecen un vínculo dependiente con otra persona para así sentirse seguras.