Problemas psicológicos derivados de las intolerancias

Ni soy nutricionista ni pretendo serlo pero últimamente estoy viendo a personas hacer una serie de barbaridades derivadas de esta moda-obsesión por comer sano y/o dejar de comer aquello que supuestamente nos hace daño. Hemos leído noticias como la del bebé que murió por culpa de la dieta sin gluten que le impusieron sus padres, sin ser alérgico ni intolerante a él, y al mismo tiempo leemos noticias sobre lo peligrosas que pueden llegar a ser estas intolerancias para nuestro organismo así que, antes de dejarnos llevar por esta vorágine de información desinformada, lo primero que tenemos que hacer es hacernos un test de intolerancia alimentaria (recomiendo el de esta farmacia de Barcelona o, en su defecto, la de un centro especializado de tu provincia) y un test de alergia a los alimentos.

Sólo cuando tengamos resultados verdaderamente contrastados podremos poner en marcha un plan de actuación. No podemos quitar de nuestra alimentación un grupo de alimentos sólo porque puede que seamos intolerantes, eso es una barbaridad ya que, si no lo somos, nos estaremos privando de una serie de nutrientes y vitaminas necesarias para nuestro organismo solo “por si acaso” y esto, a la larga, puede provocar anemias y enfermedades mucho más graves.

Intolerancias que provocan ansiedad y depresión

Ahora bien, dicho esto he de aclarar que hay casos totalmente contrarios a los ya citados en los que los pacientes llegan a tener problemas psicológicos derivados de intolerancias alimentarias. Estos pacientes presentan urticarias, dolores de estómago, dolores de cabeza, piel atópica… y los médicos no encuentran ni el motivo por el que sufren estas patologías ni la solución a las mismas, lo que acaba socavando su fuerza, resistencia y entereza. Por eso, a todos aquellos pacientes que llegan hasta mi consulta con ataques de ansiedad, e incluso con depresión, y sufren todos o algunos de los síntomas anteriores, les recomiendo hacerse un test de intolerancia alimentaria antes de empezar ningún tratamiento conmigo pues, con los resultados del test en la mano, ya sé si tengo que derivarlos a un nutricionista que solucione sus problemas físicos y, por ende, también los psicológicos, si es necesario un tratamiento combinado o, si por el contrario, las intolerancias no tienen nada que ver con lo que les ocurre y hablamos de un paciente que somatiza sus problemas.

Las intolerancias más comunes son a la lactosa y al gluten, pero también las hay a la sacarosa, a la fructosa y a la histamina entre otras.

Ante la  sospecha de estar sufriendo alguna intolerancia alimentaria, es muy importante acudir a un profesional y pedir la ayuda de un dietista o nutricionista  para asegurarse de que no se excluyen nutrientes de la dieta cuando se cambian o sustituyen alimentos.

Una vez se conoce el alimento o componente que causa la intolerancia, la mejor forma de protegerse es leer la información sobre los ingredientes de las etiquetas. También es importante preguntar sobre los ingredientes y métodos culinarios empleados cuando se come fuera de cada, para evitar así los alimentos que causen problemas.