Terapia con animales

Son muchos los adultos que tratan a los niños como a seres inferiores, y no lo digo a nivel de inteligencia o tamaño, sino a una especie de infravaloración de sentimientos que les hace pensar no tienen la misma capacidad que los adultos para sentir pena, dolor, felicidad… Es como si pensáramos que los niños no han desarrollado aún la complejidad que tienen nuestras mentes, cuando la realidad es que nuestro cerebro nace con nosotros, se desarrolla, aprende, se empapa de conocimientos, pero ya era así cuando vinimos al mundo.

Esa infravaloración de sentimientos nos hace pensar que los niños no tienen problemas, que no sufren tanto como nosotros porque no entienden lo que ocurre a su alrededor, o que sus penas son más pequeñas que las nuestras, pero la realidad es que un niño, por pequeño que sea, puede agobiarse tanto o más que un adulto, puede sentir pena, dolor y preocupación del mismo modo en el que lo sentimos nosotros, y la única diferencia patente que podemos notar es que sus preocupaciones o agobios son de niño. En otras palabras, es posible que infravaloremos el motivo de su preocupación porque desde la distancia, siendo adultos, sabemos que hay cosas más importantes por las que preocuparse, pero no debemos infravalorar la preocupación que siente porque ese sentimiento puede que sea descomunal.

Debido a esto, muchos pequeños tienen una carencia bastante marcada en lo que a inteligencia emocional se refiere, no saben manejar sus emociones, y por eso son objetivo de rabietas, agobios, aislamiento e, incluso a veces, de comportamientos inadecuados.

Una de las mejores metodologías para tratar este tipo de situaciones la he visto en Kid´s Garden Santiago, una escuela infantil donde dan prioridad a los sentimientos del niño frente a la importancia de la situación. De este modo los niños se sienten comprendidos y atienden a las soluciones que sus educadores y educadoras les proponen, sintiéndose valorados y con la atención que merecen.

Los animales, esos grandes amigos

Los estudios han revelado que una de las mejores formas de ayudar a los niños a manejar sus sentimientos, además de a ser responsables y valorar el significado de la vida, es interactuar con animales. Lógicamente tener una mascota en casa sería lo más recomendable, pero en muchos casos eso no es posible por lo que si el niño muestra ciertas conductas preocupantes es muy interesante llevarle a hacer terapia con animales.

Ahora bien, no quiero que este artículo se convierta en un reclamo a la adopción o compra de animales que luego acaban abandonados por ahí. Si decidimos tener un perro en casa debemos ser consecuentes y hacernos responsables de su bienestar, desde el mismo día en el que llega a casa hasta el último día en el que su pequeño cuerpo deja de respirar. Si queréis ir de vacaciones y no tenéis con quién dejar al pequeño peludín tenéis alternativas como Carpe Diem, residencias caninas de calidad donde dejar a las mascotas bien cuidadas hasta vuestro regreso, pero jamás, bajo ningún concepto, los abandonéis..

Por otro lado, el trato que vuestro hijo o hija tenga con el animal denotará muchos rasgos de su personalidad, e incluso nos pondrá alerta si tiene conductas inapropiadas. Hay niños, que desde bien pequeños demuestran cierta crueldad hacia los animales y aunque intentemos esconder el fondo de la situación con frases tan recurrentes como “son cosas de niños”, la realidad es que es una señal de alarma que debemos atender enseguida.

En la década de los 80, Alan Felthous, experto en Psiquiatría Forense, llevó a cabo varias investigaciones que mostraban de forma consistente cómo detrás de las agresiones a personas había, en muchas ocasiones, una historia de abuso a animales. Sus trabajos, realizados con hombres especialmente violentos internados en las cárceles de EEUU, así lo confirmaron. Esto demuestra que no podemos pasar este tipo de actos por alto, es mejor buscar ayuda cuando vemos un comportamiento reiterado e inapropiado, y es mejor hacerlo cuanto antes.