Los traumas infantiles, un recuerdo que nos puede afectar cuando somos adultos

Cuando somos jóvenes muchos de nosotros pasamos por situaciones complicadas y esto es que algo que en la edad adulta nos puede parecer banal, pero lo cierto es que cuando somos pequeños es posible que nos lo tomemos a pecho y que esto nos afecte de una forma muy negativa en el futuro. Una simple riña con un amigo, un insulto por nuestra condición física, una burla por llevar gafas… estas como otras muchas situaciones se viven día tras día en los colegios y aunque los adultos no les demos mayor importancia, la realidad es que el niño puede quedar marcado por eso y que en el corto plazo notemos una caída de su estado de ánimo, un hecho con el que puede ir cargando hacia el futuro y con ello llevar una vida llena de traumas infantiles que le afecten en el desarrollo de su vida diaria, es por tanto, que debemos tratar de solucionar de raíz estos temas con el fin único de evitar que se incrementen en el futuro.

Según un estudio llevado a cabo por algunos de los mejores investigadores de Penn State, en Estados Unidos, se ha observado que si por algún motivo experimentamos un trauma o una adversidad en la infancia o la adolescencia, como pueden ser hechos, por desgracia tan cotidianos, como un abuso infantil o la pérdida de uno de los padres, esto está directamente relacionado con el estado de ánimo así como con los problemas de falta de horas de sueño en la edad adulta, por lo que esto a su vez provoca un mayor dolor físico y un umbral de dolor mucho menor, significando esto, que cualquier problema o adversidad, afectará en mayor medida a alguien que haya pasado por estos problemas, mientras que alguien que no lo ha hecho, tendrá una calidad de vida, mucho mejor.

La realidad es que un niño puede sufrir por muchas más cosas de las que nos imaginamos, es por ello por lo que a continuación os mostraremos alguno de los traumas más comunes, así como unos consejos para intentar solucionarlos y que afecten lo menos posible al niño.

La traición es una de las cosas que no perdonan los niños, sobretodo si esta traición proviene de sus padres o abuelos, aunque la realidad es que es algo bastante más común de lo que nos imaginamos ya que muchos padres hacen promesas a sus hijos que luego no cumplen. Es por ello por lo que generan en el niño la idea de que el mundo es un sitio poco fiable en el que nadie cumple su palabra y lo peor es que estas personas, a menudo, se acaban comportando de manera fría, intentando construir un muro en sus relaciones interpersonales a través del cual no dejan que los demás entren en su intimidad. Para tratar de solventar este problema debemos ser conscientes de que el hecho de que las personas en las que debías confiar te hayan defraudado, no significa que todos lo vayan a hacer y es que, si queremos construir relaciones sólidas, tendremos que dejar entrar a los demás en nuestra vida y confiar en ellos. De hecho, la realidad nos dice que solo cuando eres capaz de entregarte, los demás se entregarán a ti.

La humillación es otra de las fuentes de traumas infantiles tal y como os hemos avanzado y es que, además, se ha demostrado que el rechazo y la humillación social, no solo provocan sufrimiento sino un dolor a nivel físico importante. Esto se debe a que esta sensación comparte los mismos circuitos cerebrales que las muestras de dolor. Una situación muy complicada, dependiendo del grado de la humillación y que solo podemos superar si aprendemos a perdonar y olvidar.

¿Qué hacer si el joven se encuentra realmente mal?

Hablamos de traumas infantiles pero ya sea durante nuestra juventud, en la adolescencia o cuando ya somos adultos, lo cierto es que si nos encontramos mal por algún motivo derivado de un trauma o de un inicio de depresión, lo mejor que podemos hacer es acudir de inmediato a la consulta de Maribel Paz, una de las mejores psicólogas de nuestro país y con la que gracias a su ayuda, seremos capaces de poder afrontar nuestros traumas y salir adelante con ellos olvidados.