El estrés provoca trastornos en la Articulación Temporo-Mandibular (ATM)

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Dolor en la mandíbula

Dolores de oído, rigidez en el cuello, jaquecas frecuentes. Estos son síntomas que sufren muchas personas y, a menudo, no saben a qué se debe. Los trastornos en la articulación temporo-mandibular, el menisco que encaja las mandíbulas, pueden producirlos. El estrés es un detonante para que aparezca y se desarrolle.

“Es un dolor incapacitante.” – Dice Fernando, de 40 años, que padeció durante años la disfunción ATM sin saber que la tenía. – “Sentía un dolor de oído intenso y persistente, unido a frecuentes jaquecas. Me dolía tanto que me costaba trabajar y desde luego era imposible dormir. Vivía en una situación de estrés y de impotencia tal, que el dolor no hacía sino aumentar.”

Me cuenta Fernando que, desesperado, acudió a diferentes especialistas, como a un otorrino y a un neurólogo, hasta que al final descubrieron que el problema se hallaba en la mandíbula. La inflamación en la articulación mandibular ejercía presión sobre otras estructuras músculo-esqueléticas de la cabeza y al parecer, esa era la causa del dolor.

Al contarme que existía un problema mandibular de base, le pregunté a Fernando si no sentía molestias al comer o al abrir la boca. Me cuenta que efectivamente los sentía, pero el dolor general era tal, que en lo que menos pensaba era en la mandíbula.

Tras detectar el trastorno, se sometió a un tratamiento en una clínica dental que aborda este problema y me cuenta que volvió a la vida. Los dolores desaparecieron y pudo por fin hacer vida normal.

El problema de Fernando no es un caso extraño. Muchas personas padecen cuadros clínicos similares. La disfunción ATM está más extendida de lo que pensamos y como le sucedió a Fernando, muchos enfermos no saben que la tienen. Nos sumergimos, pues, a investigar este problema de salud.

El estrés y las dolencias articulares.

Hemos comenzado el artículo afirmando que el estrés es una de las causas de la disfunción articular temporo-mandibular y un factor para su agravamiento. Antes de pasar a describir la enfermedad física, vamos a detenernos en el trastorno mental que incide en ella.

El estrés es una respuesta física y mental del organismo ante situaciones límite. Una descarga de energía frente a un panorama que nos exige un esfuerzo superior al que normalmente solemos realizar. En cierto modo, es una especie de huida hacia delante. El estrés libera cortisol y adrenalina y aumenta la frecuencia cardiaca y la presión arterial.

La mayoría de las situaciones de estrés son pasajeras y las vivimos todos. Es, por ejemplo, ese nerviosismo que tenemos antes de presentarnos a un examen. O ese estado de ánimo irascible que nos hace insoportables a medida que se nos echa encima el tiempo para presentar un encargo del trabajo. Este tipo de estrés nos pone en alerta. Libera adrenalina de tal manera que encontramos un plus de energía que nos permite hacer frente a los desafíos, aunque, por todo el esfuerzo que hemos hecho, tendríamos que sentirnos cansados.

Señala la web médica Medline Plus que el estrés empieza a ser preocupante cuando dura semanas o meses. Aquí nos encontramos ante un estrés crónico. Este estrés genera un efecto desgastante sobre el cuerpo. Una situación que debería ser pasajera, se alarga y se hace costumbre.

El estrés crónico suele aparecer ante situaciones que no podemos o no sabemos resolver. Un ritmo de trabajo excesivo y continuo, problemas familiares, problemas económicos, una enfermedad crónica ante la que nos sentimos impotentes.

Aunque el estrés es un trastorno mental; es decir, el cerebro percibe una situación extraordinaria y envía señales a otras partes del cuerpo, lo cierto es que tiene efectos físicos directos.

Uno de ellos es la tensión muscular, que se puede traducir en agarrotamiento de las articulaciones. Los músculos se ponen tan tensos, que bloquean las articulaciones que permiten la movilidad de los huesos e, incluso, pueden llegar a desplazarlas.

Una de las primeras articulaciones en las que el estrés actúa de manera directa es la articulación témporo-mandibular.

El trastorno ATM. 

Los especialistas de la Clínica Dental Eva Martos, una clínica experta en implantes dentales en las Rozas (Madrid) y con más de 20 años de experiencia y que también aborda problemas relacionados con la mandíbula, nos cuentan que entre los pacientes que sufren estos trastornos es habitual que al principio sientan dolor en la mandíbula y alrededor de la oreja. Si el problema no se soluciona, el dolor se va extendiendo por toda la cara, provocando dolores intensos en el oído interno.

La disfunción de la articulación temporomandibular, conocida como disfunción ATM, es un trastorno que afecta a la articulación que conecta la mandíbula con el cráneo. Esta articulación, situada justo delante del oído, es la que permite movimientos como abrir y cerrar la boca, masticar, hablar o bostezar.

La disfunción ATM no tiene una causa única claramente definida. En la mayoría de los casos se considera el resultado de una combinación de factores. Entre ellos se encuentran la predisposición genética, el estrés crónico y determinadas respuestas físicas involuntarias ante el dolor o la tensión. Por ejemplo, el hábito de apretar o rechinar los dientes, especialmente en situaciones de estrés, puede sobrecargar la articulación y los músculos que la rodean. También los traumatismos, las malas oclusiones dentales o los movimientos bruscos de la mandíbula pueden desencadenar o agravar el problema.

Algunas investigaciones han observado una mayor incidencia en mujeres, lo que ha llevado a estudiar la posible influencia de factores hormonales y cambios en la densidad ósea a lo largo de la vida.

Aparte de tener dificultades para abrir la boca, en la disfunción ATM el dolor es su síntoma más destacado. En ocasiones, este dolor puede provocar zumbidos, mareos, cefaleas. Para diagnosticar la disfunción ATM es fundamental realizar una valoración clínica completa y pruebas de imagen que permitan analizar el estado de la articulación y establecer el tratamiento adecuado.

Los fármacos.

Como estamos viendo, el dolor es una de las principales características de este trastorno, por lo que no es extraño que el médico nos recete medicamentos para mitigarlo.

El Instituto Nacional de Investigación Dental y Cráneo-facial (N.I.D.C.R.) de Estados Unidos opina que no existen medicamentos específicos para tratar el trastorno de disfunción de la Articulación Temporo-Mandibular. Esto significa que no hay un fármaco creado exclusivamente para esta enfermedad, sino que el tratamiento farmacológico se centra en aliviar los síntomas, especialmente el dolor y la tensión muscular. Cuando las molestias persisten o se vuelven intensas, el profesional sanitario puede recomendar una combinación de analgésicos, relajantes musculares e incluso determinados fármacos indicados para la ansiedad o la depresión.

Entre los analgésicos más utilizados se encuentran el ibuprofeno y el naproxeno. Ambos pertenecen al grupo de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y ayudan a reducir la inflamación de la articulación, además de calmar el dolor. El naproxeno también se emplea con frecuencia para tratar fiebre, cefaleas y dolores musculares. Otro medicamento habitual es el acetaminofeno, más conocido como paracetamol. Aunque su efecto antiinflamatorio es menor, puede utilizarse para complementar el alivio del dolor entre las tomas de otros fármacos.

Es importante respetar las pautas de administración. Por ejemplo, el ibuprofeno y el naproxeno no deben tomarse con demasiada frecuencia, ya que pueden irritar la mucosa del estómago. En tratamientos prolongados, el médico puede aconsejar un protector gástrico, como el omeprazol, para reducir el riesgo de molestias estomacales. Muchos de estos medicamentos están disponibles sin receta, pero aun así conviene utilizarlos con prudencia y, en este caso, bajo recomendación  profesional.

En los casos en los que el dolor esté relacionado con tensión nerviosa o bruxismo, se pueden recetar fármacos como el diazepam, el alprazolam o el clonazepam. Estos medicamentos pertenecen al grupo de las benzodiacepinas y actúan como ansiolíticos y relajantes musculares. El diazepam tiene un efecto prolongado en el organismo, mientras que el clonazepam suele actuar de forma más rápida e intensa. El alprazolam, por su parte, ayuda a disminuir la excitación excesiva del sistema nervioso, favoreciendo la relajación y contribuyendo a un mejor control del dolor asociado a la ATM.

Soluciones no invasivas. 

Sin embargo, como reconoce la revista Gaceta Dental, la solución ante los trastornos en la ATM no está en los medicamentos, sino en el tratamiento que se realiza en la clínica dental y que muchas veces no es invasivo.

Hace años, cuando una persona sufría un trastorno severo o persistente en la mandíbula, la solución más habitual era pasar por el quirófano. La cirugía se consideraba la alternativa más eficaz para corregir alteraciones importantes en la articulación temporo-mandibular. Sin embargo, la odontología y la medicina han evolucionado tanto, que hoy en día se priorizan tratamientos menos invasivos que ofrecen resultados satisfactorios sin necesidad de intervención quirúrgica.

Una de las opciones más utilizadas en la actualidad es la férula de reposicionamiento mandibular. Se trata de un dispositivo termoplástico diseñado a medida para cada paciente. Su función es recolocar la mandíbula en una posición adecuada y ayudar a que la articulación trabaje de forma equilibrada, especialmente cuando el disco articular está desplazado. De este modo, se reduce la sobrecarga y disminuye el dolor

Aunque puede recordar a las férulas de descarga empleadas en casos de bruxismo, su diseño y ajuste son más complejos. Para fabricarla correctamente, es imprescindible estudiar con precisión la posición de la articulación del paciente. Esto se consigue mediante pruebas de diagnóstico por imagen y el uso de dispositivos específicos que permiten reproducir el movimiento mandibular con exactitud.

Una vez colocada, la férula requiere controles periódicos. El especialista debe revisarla y ajustarla según la evolución del paciente, ya que pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia en el resultado final. El proceso exige paciencia y seguimiento, pero cuando el aparato está bien adaptado, el alivio del dolor suele ser casi inmediato y duradero.

La férula debe utilizarse de forma continua, durante la mayor parte del día. Aunque al principio puede generar cierta incomodidad, la mayoría de los pacientes se acostumbran a llevarla con el tiempo. Además, su apariencia es discreta y apenas se percibe a simple vista.

Algunos trastornos de ATM se corrigen con el tiempo; sin embargo, para los casos más acentuados, los especialistas recomiendan llevar la férula de descarga mandibular de por vida. Ya que interviene como un tratamiento preventivo que evita que vuelvan a aparecer trastornos en la articulación.

Cuando se empezó a utilizar este tratamiento, se solía fabricar en termoplástico blando. En la actualidad hay una mayor tendencia a fabricar la férula con acrílico duro, puesto que las personas tendemos a rechinar los dientes cuando tenemos algo blando en la boca y eso no ayuda a la recolocación de la mandíbula.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
Pocket
WhatsApp

Noticias relacionadas

No se pierda ninguna noticia importante. Suscríbase a nuestro boletín.

Más comentados

El suicidio

Hablar de suicidio como enfermedad mental resulta siempre chocante y extraño. Nuestra sociedad tiene tendencia,

Compartir

Scroll al inicio