La ansiedad y su papel en la vida actual

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Cuando se habla de la forma en la que se vive la ansiedad en la actualidad, debemos saber que es una de las patologías más habituales. Se dice de ella que se siente un nudo en el estómago como si el cuerpo te preparase para luchar una batalla que realmente no existe. Lo cierto es que es una alerta interna que se puede disparar a veces sin que haya motivo para ello en apariencia. El caso es que los pensamientos cotidianos se pueden convertir en auténticas tormentas emocionales.

¿Qué es esa sensación que se siente?

Algo que debe quedar claro, como nos comenta la psicóloga Ángela Rodríguez que tiene experiencia de años en estos temas, es que estamos ante una respuesta natural del cuerpo que hemos heredado de nuestros antepasados que necesitaban de ella cuando había que salir corriendo ante la presencia de un león o de un enemigo. La problemática aparece cuando la maquinaria se activa por un correo electrónico del jefe, una discusión con la pareja, etc.

No debemos ver la ansiedad siempre como algo malo. A veces es esa chispa que hace que puedas repasar la presentación antes de hablar en público y que te puede salvar de terminar haciendo el ridículo.

Cuando se tiene en la cantidad justa, es buena, pero en exceso puede haber más problemas. La diferencia estriba en si la ansiedad sirve de impulso o te llega a paralizar. Si lo que ocurre es que te despierta a las tres de la mañana y rumias los problemas, deja de ser una aliada y termina saboteándote. Hay que verla como una especie de guardia que tiene como trabajo el protegerte, pero que en ocasiones puede ver como amenazas, donde únicamente hay sombras.

Cuanto más le haces caso, más se pone en modo de alerta, por lo que llega a crear un círculo que llega a retroalimentarse.

La ansiedad en la vida cotidiana

Se puede decir que la ansiedad se manifiesta  de muchas maneras y en ocasiones se llega a colar en los momentos menos oportunos. Existen días en los que casi parece un ruido de fondo, puesto que se producen problemas de concentración, más irritabilidad con los que se quiere y hay ganas de huir de todo. Otras veces pasa que explota y las manos empiezan a sudar, hay temblores y una sensación de que el mundo se está acabando.

Hay personas que lo sienten en todo el cuerpo y se preguntan si eso que notan en el pecho puede ser un infarto o solamente nervios. Otras personas lo ven como algo mental, donde las listas interminables “ debería” nunca acaban. Existen padres ansiosos que pueden ver las amenazas en cada fiebre de sus niños, los estudiantes en cada examen. En la era digital, las redes sociales se puede decir que casi complican las cosas, puesto que muchas personas comparan su vida con la de los demás. Todo esto al final se vive como una sensación de estar perdiendo el control.

Lo que une a todas estas caras es la sensación de pérdida de control. El cuerpo grita «¡peligro!» mientras la mente intenta razonar «tranquilo, no pasa nada». Esa pelea interna es agotadora, y por eso tanta gente acaba exhausta sin saber bien por qué.

¿De dónde viene todo?

No aparece la ansiedad de la nada. Lo que ocurre es que habitualmente está relacionado con la infancia. Esos padres que veían una preocupación en todo, enseñándote sin quererlo a anticipar lo peor. Existen otras experiencias duras, como fallecimientos, pérdidas, o un fracaso laboral, que suelen dejar huella. Si a todo esto le sumamos el estrés crónico de la vida actual, pues no es algo que ayude. A todo ello se le suma el trabajo precario, noticias de catástrofes, etc.

El cuerpo hay que tener claro que tiene memoria. Cuando se pasa por traumas, lo que ocurre es que la amígdala que se encarga de manejar el miedo, pasa a modo hipervigilante. Otro factor clave es la genética, si los padres eran nerviosos, heredarás su predisposición.

¿Cómo saber si la ansiedad va ganando terreno?

Lo mejor es fijarse en los patrones de comportamiento. Si lo que haces es evitar las situaciones por miedo, si el sueño es algo que se resiente o si el apetito desaparece o se dispara, o si sientes tensión muscular constantemente, el cuerpo te habla. Lo que debes preguntarte es si te impide vivir como tú quieres. Hay personas que pueden confundir la ansiedad con otras cosas. Estar quemado del trabajo puede producirse por una ansiedad acumulada. Reconocer la ansiedad es el primero de los pasos que hay que dar para que así no crezca en la sombra.

Estrategias que funcionan para vencer a la ansiedad

No existen las pastillas mágicas, pero sí que existen formas de hacer que pueden funcionar si se es constante. Aquí debemos comenzar por lo básico, que es la respiración diafragmática. Si sientes el nudo, debes poner una mano en el vientre, inspirar lento, contando cuatro, aguantando cuatro y soltando cuatro. Esto lo repites cinco veces. Aunque puede sonar como algo simple, lo que hace es cortar el ciclo de la adrenalina al instante. Podríamos asemejarlo a resetear un router emocional, por así decirlo.

El movimiento es oro, en este sentido, andar 30 minutos diarios acaba por descargar cortisol como por arte de magia. No necesitas acudir al gimnasio, solo debes subir las escaleras, bailar en casa o pasear al perro. Lo que necesita el cuerpo con ansiedad es quemar la energía que no se usa.

El mindfulness no es una moda hippie, hablamos de entrenamiento cerebral. Existen apps guiadas o se puede ver la respiración cinco minutos diarios, lo que ayuda a reentrenar la mente para que no te enganches en pensamientos negativos.

¿Cuándo debes pedir ayuda?

Si ves que la ansiedad te está robando semanas de vida, lo mejor es que hables con un profesional. Los psicólogos utilizan la terapia cognitivo-conductual para desmontar así las creencias más irracionales. En ocasiones la medicación temporal es de gran ayuda para ayudar a romper el ciclo mientras se trabaja en el fondo. No hablamos de rendirnos, es inteligencia emocional. Las terapias de grupo funcionan bastante bien, porque oír lo que otras personas sienten lo que ayuda es a normalizar y dar perspectiva. La psicoeducación es algo poderoso y entender cómo funciona el cerebro lo que hace es reducir el miedo a tener miedo.

Ansiedad en las distintas etapas de la vida

En los niños se puede ver en los miedos que tienen por la noche o en las rabietas. Si se les enseña a nombrar emociones, eso les dará poder. Los adolescentes suelen canalizarlo en redes o mediante la autoexigencia en la escuela. Los adultos, en el trabajo y la familia, las personas mayores en salud y soledad. Cada etapa demanda un enfoque, pero la base es igual: la aceptación más herramientas para manejarla.

La ansiedad es un maestro disfrazado

Aunque pueda parecer algo paradójico, la ansiedad nos enseña. Hace que seamos más empáticos, resilientes y conscientes. Los que la han domado son más creativos profundos y tienen más intuición. No es erradicarla, se reduce el volumen para que así no ahogue tu voz interior. En los momentos más duros debes pensar que esto pasa. Estamos ante una ola que sube y después baja. Lo mejor es respirar y actuar aunque sintamos miedo, puesto que al otro lado hay claridad. No olvides que eres más grande que tu ansiedad.

No olvides

Piensa que la ansiedad es un sentimiento humano, universal y manejable. No eres tú y tus pensamientos apocalípticos, eres tú la persona que los observa. Pruebas técnicas y opta por aquella que te funcione.

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