El auge de los proyectos colaborativos para personas mayores

Mi abuela se llama Teresa, es una mujer muy fuerte y de ideas fijas. Siempre ha tenido las cosas claras, y una gran agudeza mental. De pequeña me enseñaba las mejores recetas para hacer postres y me dejaba que la ayudara a hacer sus tartas de manzana caseras. Podría decirse que eran las tartas de manzana más ricas de la ciudad.

Adoro a mi abuela, siempre ha sabido cómo darme los mejores consejos, una mujer con tantas cosas que transmitir que no me extraña nada que fuera tan valorada por sus alumnos. Mi abuela daba clases de literatura en la Universidad, siempre estaba hablando de sus escritores favoritos y recomendando novelas. Le encantaba su trabajo y cuando le llegó el momento de jubilarse, algo se le apagó en la mirada.

Desde entonces, ya no es la misma.  Su estado de salud empeoraba cada día, pero lo más preocupante es que, con el tiempo, ha empezado a tener pérdidas de memoria, muy leves, pero eran síntomas suficientes como para hacer que me preocupara más.

Además, teniendo en cuenta el alarmante aumento de las enfermedades relacionadas con las capacidades cognitivas, mi preocupación no era de menos.

Empecé a informarme de todas las alternativas que tienen las personas mayores recién jubiladas en Cataluña una vez que se han jubilado, y también investigué sobre las diferentes formas que pueden ayudar a prevenir la demencia senil, y así fue como descubrí esta residencia geriatrica de Barcelona, también conocida con el nombre de Benviure, un centro con profesionales en el campo del desarrollo cognitivo y el mantenimiento de las capacidades del aparato locomotor.

En esta residencia cuentan con especialistas en neuropsicología, médicos y geriatras, además de estar a 10 minutos de Barcelona. No tenía dudas que para el momento en el que nos encontrábamos mi abuela y yo esta me pareció la mejor opción que teníamos, al menos mientras no sabíamos si padecía o no alguna enfermedad cognitiva.

No quería que estuviera sola mientras no sabíamos bien su diagnóstico y prefería que estuviera en un sitio acogedor y bajo la supervisión de buenos profesionales.

Una vez que supiéramos bien su estado de salud podríamos empezar a valorar otras opciones, además debido a mi trabajo en esos momentos apenas podía pasar tiempo con ella, tenía claco que la residencia Benviure era nuestra solución.

Centros colaborativos. El caso de “La Muralleta”

Por otra parte, al buscar otro tipo de alternativas a las residencias encontré un proyecto de Cooperativa en Tarragona, llamado “La Muralleta” que me pareció la mejor opción conociendo a mi abuela.

Eso sí, me parecía una muy buena opción, una vez descartada cualquier tipo de enfermedad cognitiva, ya que, en ese caso, lo mejor me parecía un seguimiento diario de mano de profesionales en ese tipo de enfermedades neurodegenerativas.

En cualquier caso, si los resultados confirmaban que no había ningún problema me gustaba la idea de un sitio donde pudiera hacer diferentes actividades y contribuir en una comunidad de vecinos con edades similares. Una comunidad donde pudieran colaborar unos con otros, aprender cosas nuevas y compartir experiencias nuevas.

La Muralleta” se encuentra en un antiguo terreno baldío reconvertido en comunidad de 16 viviendas y casi 900 m² de edificios comunes: gimnasio, peluquería, lavandería, comedor y pista de petanca con huerto.

Además, también organizan diferentes actividades ofreciéndoles a sus habitantes de una mayor libertad, tranquilidad y calidad de vida.

Quién sabe, puede que una vez allí mi abuela pudiera hacer algunos grupos de lectura, para proponerles a los integrantes de “La Muralleta” un par de libros y grupos de discusión con lo que ella disfrutaba tanto, o incluso talleres de cocina para enseñar a hacer tartas deliciosas.

Sabía que el hecho de sentirse útil y dejar de sentir esa soledad podía ayudarla mucho a mejorar, más casi que cualquier medicina.

Así que fui con mucho tacto a hablar con ella sobre la propuesta, empezar pasando un par de meses en Benviure donde no se sintiera sola y contara con el servicio de los mejores especialistas, y ya una vez que quedara descartada toda enfermedad cognitiva y estuviéramos seguras de que estaba en un perfecto estado de salud podríamos cambiar a un centro colaborativo como “La Muralleta”.

A mi abuela no le hizo mucha gracia la idea de tener que dejar su casa, pero por primera vez, estaba de acuerdo conmigo. Ella también pensaba que tanto tiempo sola en esa enorme casa no le estaba ayudando a mejorar, y que era mejor prevenir las cosas y darse un tiempo de mano de los mejores profesionales.

La idea de “La Muralleta” también le gustó mucho e incluso empezó a diseñar un programa de lectura pensando en compartirlo en un futuro con su nuevo grupo de alumnos. Tan solo esa idea hizo que notara mejorías en su actitud y estado de ánimo.

No cabe duda que el paso de una vida activa a la jubilación no es algo que lleve igual todo el mundo, en el caso de mi abuela la soledad y la inactividad estaban haciendo estragos en su salud, y prevenir la situación demostró ser una gran solución.

Me alegró ver que existen muchas y muy buenas alternativas para las personas mayores en esta situación, aunque también queda mucho por delante para mejorar la situación de las personas mayores, y mucho más en las grandes ciudades donde es más fácil que se vean expuestas a la soledad y el aislamiento.