Cuando hablamos de salud dental, no pensamos en como los problemas bucodentales pueden afectar a la salud mental. Si lo hacemos más habitualmente en el caso contrario. Es fácil pensar en bruxismo cuando pasamos por momentos de estrés y apretamos los dientes, provocando daños en la dentadura y la mandíbula. Así como asociamos otras enfermedades similares. Sin embargo, no reparamos en como una molestia dental, puede desembocar en insomnio o ansiedad, con todo lo que ello conlleva.
Pensar en salud dental, implica considerar problemas como la caries, la inflamación de las encías o la rotura de una pieza dental. Estos problemas, pueden afectar en gran medida a otros aspectos, desembocando en efectos secundarios como la ansiedad e incluso, la falta de sueño.
Es más fácil de lo que parece, una simple molestia bucal, puede cambiar la vida diaria de manera que afecte a otras parcelas de la vida cotidiana. La conexión entre salud bucal y emocional, es más estrecha de lo que consideramos. Enfrentarse a un problema de índole bucal, conlleva en muchas ocasiones, consecuencias no solo a nivel físico. La constante preocupación el dolor que generan o las visitas al dentista, pueden llegar a producir una carga mental bastante significativa.
El estrés generado en estas situaciones, se acumula de manera que, lo que parecía una incomodidad temporal, se transforma en una fuente de ansiedad constante. Muchas personas se obsesionan con la salud dental, sobre todo en aquellos casos en los que existen dudas, sobre cual es el mejor tratamiento. Sin olvidar que, el dolor intenso o los problemas visibles, como la falta de un diente, afectar directamente a la autoestima. Este factor agrava los síntomas emocionales. Son muchas las personas que sienten vergüenza por no lucir la sonrisa perfecta o no poder comunicarse de forma cómoda a consecuencia del dolor. Este continuo malestar mental puede agravarse, afectando de forma directa a la rutina diaria, las interacciones sociales e incluso, la calidad del sueño.
Como afectan los problemas dentales a otros aspectos
Gozar de una buena salud dental es sinónimo de bienestar general. Por desgracia, esta conexión con la salud mental, es pasada por alto y, aunque resulte sorprendente para muchos, existe una relación estrecha entre la misma y dientes y encías. Para adentrarnos en esta cuestión, nada mejor que recurrir a los que saben de problemas bucales, hemos entrado Dental Médica, donde sus expertos en salud mental, con una experiencia de más de treinta años, nos han hablado de esta relación, tan extraña como habitual.
Hemos empezado hablando de lo más básico, como el dolor bucodental, afecta al sueño. El insomnio es uno de los problemas comunes derivados de un problema dental sin tratar. Un dolor persistente, infecciones en las encías o las muelas del juicio, impactan de forma significativa al sueño de quien las padece. La incomodidad física, hace difícil encontrar una posición cómoda a la hora de dormir, al tiempo que el dolor continuo puede llegar a despertar a la persona que lo padece varias veces en la noche. Esto lleva a crear un circulo vicioso en el que, la falta de un descanso adecuado no hace sino agravar el estrés y la ansiedad.
En determinados casos, el dolor puede asociarse a los TTM (trastornos temporomandibulares), aquellos que afectan a la mandíbula y los músculos circundantes. Quienes sufren TTM, experimentan dolor y rigidez, aumentando la dificultad a la hora de relajarse durante las horas de sueño, favoreciendo que se produzca insomnio.
De manera que estas afecciones, conllevan un impacto psicológico en quien las padece. Cuando el dolor no es manejado de forma correcta, ansiedad e insomnio aparecen. No obstante, no son los únicos efectos adversos que se producen. Los problemas bucodentales, pueden llevar a experimentar una notable disminución en su calidad de vida. Una preocupación constante por el estado de salud de la boca, es perfectamente capaz de desembocar en ataques de pánico, estrés y desbordamiento emocional. Estas personas, pueden sentirse atrapadas por los problemas dentales, sobre todo cuando no se puede acceder a los tratamientos por carecer de los recursos necesarios.
Resulta fundamental comprender que, si bien el dolor físico resulta evidente, el malestar emocional asociado, puede ser tan debilitante o más que la propia afección bucal. La mayoría de las personas no son capaces de reconocer la magnitud que puede tener este impacto, lo que las lleva directamente a vivir una situación de ansiedad que puede prolongarse por semanas, meses o años.
Como bien sabemos, aunque no lo asociemos a los problemas bucodentales, el estrés acumulado y prolongado en el tiempo, tiene efectos devastadores en la salud física y, la salud mental no es una excepción. Cuando se producen situaciones de ansiedad o insomnio de carácter crónico, las personas tienden a apretar o rechinar los dientes, lo que sucede en el citado bruxismo. Esta afección, puede provocar desgaste dental, dolor mandibular y aumento en la tensión muscular. Con este efecto, se refuerza el ciclo de estrés y dolor, debido a que el cuerpo no es capaz de relajarse de forma completa ni durante el tiempo de descanso.
Además que el estrés, puede llegar a comprometer la respuesta inmunológica del organismo, con lo que se dificulta la recuperación de las infecciones de la boca o los problemas de las encías. La incapacidad para relajarse o dormir, puede ayudar a que los problemas dentales preexistentes, empeoren. Esto conlleva mayor angustia y, en consecuencia, mayor ansiedad.
Evitar que esto suceda es posible
Afortunadamente, es posible encontrar soluciones eficaces a la hora de prevenir y tratar los problemas dentales cuando afectan a la salud mental. Lo primero de todo, es pasar por chequeos regulares en el dentista, algo que permite identificar la presencia de cualquier problema, antes de que se convierta en algo de mayor gravedad. Una detección temprana, ayuda a resolver los problemas físicos que se produzcan, al mismo tiempo que previene que se produzca una ansiedad relacionada con la incertidumbre que genera la salud dental
En este aspecto, resulta esencial mantener buenos hábitos de higiene oral y adoptar aquellas prácticas que ayuden a la reducción del estrés. Como ejemplo la meditación o el ejercicio regular pueden ayudar a reducir el estrés y la ansiedad. Así como los cuidados preventivos, aspecto esencial a la hora de evitar complicaciones y preservar la salud bucal y la emocional.
Existen diversas opciones de tratamiento dirigidas a aliviar el dolor y la ansiedad en estos casos. Aquellos que se enfrentan a un dolor dental tan fuerte que afecta a su bienestar emocional, puede recurrir a los analgésicos temporales o tratamientos más profundos, como puede ser una endodoncia o cirugía dental. El profesional de la odontología es el más adecuado para recomendar el mejor tratamiento en cada caso, a razón de la gravedad de la afección.
Si el insomnio o la ansiedad se vuelven persistentes, lo más probable es que sea necesario recurrir a un enfoque multidisciplinar. Es decir, incluir la terapia psicológica, técnicas de relajación y, si procede, medicamentos para manejar la ansiedad. Abordar de forma simultanea ambos aspectos, tanto el físico como el emocional, es imprescindible para poder recuperarse de forma integral.
Cuando se producen estas situaciones, resulta de gran importancia buscar la ayuda profesional adecuada. Ante la sensación de que un problema de carácter bucodental afecta a la calidad de vida, no hay que dudar en buscar ayuda profesional. Ansiedad e insomnio, cuando son el resultado de un problema bucal, requieren de un abordaje en particular. Aunque se trata de un problema que se produce de forma más habitual de lo que solemos pensar, tratarlo como es debido, puede marcar una gran diferencia en el paciente. Los cuidados adecuados y las soluciones personalizadas, son la mejor manera de recuperar tanto la salud dental, como el bienestar emocional.
En resumidas cuentas, un problema dental no tratado o tratado de forma incorrecta, puede producir más que molestias físicas. La ansiedad, el estrés y el insomnio, son efectos secundarios de lo más habitual, a consecuencia de los problemas bucales. Por lo que resulta indispensable tratar eficazmente los problemas dentales, evitando que se conviertan en una carga emocional tan grande que afecte la calidad de vida.
Salud física y mental son igual de importantes. Si un problema de la boca, afecta al bienestar emocional, no hay que dudar en buscar orientación profesional. Una mala salud dental puede convertirse en un factor de riesgo para la salud mental y provocar ansiedad, depresión, aislamiento social o estrés. En tanto que una mala salud mental puede conllevar problemas dentales como sucede en el caso de la bulimia, la anorexia o la esquizofrenia. Cuando se padece alguna de estas enfermedades, aparecen problemas bucales como la caries, enfermedad de las encías, encías sangrantes, pérdida de esmalte dental, mal aliento o mayor riesgo de infecciones.
Aunque podríamos seguir adentrándonos en esta conexión entre salud bucal y emocional, vamos a quedarnos en su reciprocidad. Una mala salud dental puede ser factor de riesgo para la salud mental, afectando de forma negativa a la autoestima, la confianza y la calidad de vida. Una mala salud mental, puede hacer lo propio y perjudicar la salud bucal, provocando problemas en las encías, caries o pérdida del esmalte. De manera que hay que cuidar tanto la salud bucal como la mental.










