Hoy en día todo es urgente para los adolescentes, incluso los envíos

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Cuando yo miro a mi alrededor y observo a los adolescentes, solo pienso en dos cosas: en “qué adelantados están estos chicos para su edad” (sexualmente hablando) y “qué prisas llevan siempre a todas partes, no se paran quietos ni un minuto”. Pero siempre tiendo a pensar que es culpa de ellos, de que tienen mucha prisa allá donde van, y no me paro a pensar en que realmente no es que tengan prisa, sino que el mundo les hace tenerla.

Hoy todo va súper deprisa, no les deja pensar, porque todo va tan deprisa que es imposible pararnos a meditar las cosas. Tú también estás en medio de todo eso, aunque no te des cuenta.

Al final, vivir así te puede pasar MUCHA factura.

 

Los estudios y la presión de ir siempre rápido

En el tema estudiantil es donde más se nota la prisa que tienen los adultos sobre los adolescentes todo el tiempo. Es como si la sociedad cogiese a personitas en desarrollo, a personas con deseos de conocer el mundo y de conocerse a sí mismos y los obligasen a sentarse 6 horas diarias en una sala a escuchar cosas que a pocos de ellos les interesan. Y encima no contentos con eso, también los obligan a memorizarlo (no a comprenderlo, sino a aprenderlo palabra a palabra) para vomitarlo todo en un folio y “ser alguien en la vida”. ¿De verdad eso es “ser alguien en la vida” para ti? Porque para mí no lo es.

Todo eso se contagia de unos a otros, y los adolescentes, que no han tenido tiempo todavía de vivir, ni tan siquiera, aprenden a que los adultos les exigen muchísimo de algo que no les gusta y que no saben para qué les va a servir. En consecuencia, se pasan otras 3 o 4 horas de la tarde que tendrían que disfrutar haciendo deberes, memorizando temario, haciendo exámenes…  ¿Y todo para qué, para cumplir ciertas expectativas de una sociedad que solo les exige saber A, B y C de un conjunto de cosas que rara vez van a usar en la vida?

Esto les hace ir con prisas, porque quieren salir, quieren quedar con los colegas, pasar del instituto cuando antes… y, lo que podría pasar por sus vidas como algo pasajero y que no les sometiese a tantísima presión, acaba convirtiéndose en la peor etapa para muchos de estos jóvenes. Y todo por la exigencia y las prisas de que aprendan todo rápido y bien. ¿Prisas para qué, si puede saberse? A ver si tú me lo puedes explicar.

Y ya no hablemos de la celeridad con la que se les exige elegir una carrera. Pero vamos a ver, criaturita del señor, ¿cómo le vas a pedir a un chico de 16 años que decida a qué quiere dedicarse cuando esa personita en desarrollo ni siquiera sabe todavía quién es? Es precisamente por esas prisas que la sociedad está llena de adultos amargados y deprimidos que, en su día, escogieron unos estudios que no les gustaban porque tenían a muchos adultos detrás metiéndoles prisa.

 

Ser funcional y productivo cuanto antes, ¡que se acaba el mundo mañana!

Otra cosa que odio de todo esto es que, una vez que se termina una carrera, los adultos exigen que encuentren trabajo y empiecen a generar dinero cuanto antes. Como si, literalmente, el mundo se fuese a acabar mañana. ¿Tú sabes el nivel de estrés mental que crean esas exigencias en los adolescentes? ¿Lo que crea en sus mentes esas prisas y urgencias por empezar a ganar dinero cuanto antes?

Los jóvenes empiezan a creer que con 25 años ya tienen que estar con el título de la carrera en sus manos, y que con 26 ya tienen que estar trabajando en una empresa, generando un montón de dinero, estar listo para pagar la entrada de una casa, estar a punto de casarse… Eh, eh, ¡para! ¿Quién le ha puesto edad a todas esas cosas que vienen cuando tienen que llegar, quién dice a qué edad hay que hacer cada cosa? ¿La sociedad, esa que impone todos los días a chicos de 16 años a beberse un libro y a vomitarlo para ser alguien en la vida? ¿Alguien le ve coherencia a todo lo que estamos haciendo con la juventud?

El problema de todo esto es que NO estamos criando adolescentes para que sean personas en un mundo que los va a intentar hacer cambiar, sino que estamos criando máquinas para generar dinero, y haciéndoles sentir que, si no lo hacen, son unos verdaderos inútiles. ¿Así queréis que pienses vuestros hijos de ellos mismos, que lo único bueno que pueden hacer en la vida es ganar dinero? ¿Qué pasó con proteger la naturaleza, con crear música, con ser buena persona? ¿Eso ya no importa? Pues para mí es lo más importante…

 

Las exigencias familiares son lo peor que le puede pasar a un adolescente

¡Y te lo digo yo, que creí con ellas! Estamos en un momento de nuestra vida en el que hemos creado un listado de “trabajos que dan dinero”, “trabajos inútiles”, “hobbies sin beneficios”… Yo, por ejemplo, vengo de una familia donde mi madre creó una empresa de limpieza. Mi hermana y mi hermano trabajan para ella, y, en su día, antes de separarse, mi padre también lo hacía. Yo era la única “rara” que no quería ese camino, que quería hacer otra cosa.

Por ejemplo, desde niña, desde los 8 años, escribía. Cualquier cosa, lo que se me ocurriese: pensamientos, cuentos cortos, poemas… era lo que más me gustaba hacer. Eso, y proteger a las personas. Por eso, cuando terminé 4º ESO, me planteé dos cosas: ser policía nacional o escribir. Escribir no da dinero a no ser que seas J. K. Rowling, y créeme, NO lo soy. Ni por asomo le llegó a ese pedazo de escritora a la suela del zapato. Policía nacional me encantaba, así que podría dedicarme a ello y escribir en mis ratos libres por pura vocación.

¿Qué pasó cuando se lo dije a mis padres? Mi padre me miró con cara de: “¿Eso quieres…? Pero si no vas a poder…”, y mi madre me miró con cara de “pero ¿tú no vas a trabajar en la empresa, como tus hermanos? Tienes que ayudarnos…”. No me lo dijeron directamente, pero entre que jamás me apoyaron y que nunca me dijeron buenas palabras, dejaron muy clara su intencionalidad sin tener que pronunciarlo en voz alta.

¿Sabéis que hice yo con sus exigencias y con su falta de apoyo? Me los pasé por el forro. Al final no hice las oposiciones, no me dio por ahí, pero sí me dio por escribir, ¿y sabéis qué? Sí que da dinero, y me gano la vida con ello. ¡Así que créeme, sí que se puede!

 

Las redes sociales son justo eso: una red donde atraparlos y drogarlos

En las redes sociales todo funciona por tiempo: tengo 20s para captar la atención de una persona con un reel de Instagram, tengo 10s para captar la atención en Facebook con una frase de perfil, tengo un solo segundo en X para que la gente no pase de mí… ¿En qué se traduce eso? En más prisas y en hacerlo lo mejor posible para destacar por encima de todos los demás, aunque sean incluso tus amigos desde siempre.

Las redes sociales han pasado de ser lugares de comunidad donde hablar con otras personas a un mundo de competición para llamar la atención con la mayor prontitud. Urgencia, urgencia, urgencia para conseguir seguidores, para que me vean, para que me compartan… ¿De verdad es tan importante todo esto? Porque en todo lo anterior tenemos aún algo de control, pero en las redes sociales los niños comparten lo que les da la gana, y llega hasta ellos cosas que no podemos controlar, de cualquier tipo.

Esto no es sano ni para ellos ni para su autoestima, porque viven con un nivel de celeridad y exigencia difícil de satisfacer. Así que habla con tus hijos y explícales qué está haciéndoles esto en su vida, a ver si así conseguimos que se alejen un poco de ellas y de esas exigencias.

 

Algo unido a esto son los envíos de paquetería

Sí, no pienses que no tiene nada que ver, porque sí que tiene que ver, ¡y mucho! ¿Sabes que son los influencers? Son personitas en proceso que luchan y compiten para tener el mayor número de seguidores. Da igual que les sigan 1000 personas que no conozcan (que para mí ya es un logro), tienen que tener más, muchos más. 2.000.000, 50.000.000… cuantos más mejor, porque significa que “son alguien” en la vida de la red, y eso es importantísimo. Fíjate si es importante que ahora hay hasta una carrera universitaria para influencers

Bueno, pues entre este tipo nuevo de fauna hay un tipo de influencers que trabajan probando productos de empresas. Es decir, una empresa de cosmética ve que X persona, que hace vídeos de cosmética, tiene miles y miles de seguidores, y piensa que sería una idea maravillosa, mandarle gratis ciertos productos para que haga video con ellos y que le haga publicidad en retorno. ¡Y oye, ni por asomo es una mala idea! Los adolescentes son el nuevo “culo veo, culo quiero”, y si mi influencer favorita tiene un lápiz de uñas que cuesta 600€, ¡ostras, pues seguro que es buenísimo!

Estas empresas suelen funcionar con paquetería, evidentemente, y si tienen que enviar algo, lo hacen a todas partes del país y del mundo. Esto crea, a su vez, una necesidad de urgencia que hace que los adolescentes entren en histeria: Tengo que tenerlo ANTES de que se haga famoso, porque entonces YO lo habré dado a conocer. Y eso genera una necesidad de tener un envío de paquetería súper rápido. Star-cargo, empresa de paquetería internacional y nacional, nos afirma que los influencers usan mucho el “envío urgente” por ese tipo de razones, porque necesitan que llegue cuanto antes a sus casas. Por eso, ese tipo de envío es cada vez más solicitado por cada vez más adolescentes, y el nivel de exigencia que se les pide a los transportistas es, a su vez, mucho mayor.

 

El sueño y el descanso también se ven afectados por la “prisa”

Claro, tú piénsalo: si un influencer que vive en España está compitiendo con uno que vive en Japón, son unas cuantas horas de diferencia que se sacan de beneficios unos a otros, porque son siete horas de diferencia. O sea, que, si en España son las 3 de la tarde, en Japón son las 11 de la noche. Eso puede darles muchísimo estrés, porque ya no solo compiten por tener los mejores productos, por tenerlos mucho más rápido que sus competidores y por tener los posts más llamativos, ¡sino por ver quién crea el contenido y lo sube más deprisa a internet!

Jolines, si yo te saco 7 horas a ti, que vives en Japón, ¿no te llevo 7 horas de ventaja? Esto hace que los adolescentes empiecen a postergar el sueño para otros momentos en los que “tengan tiempo”, porque entre los estudios, las exigencias de sus padres, las redes sociales… ven el tema del descanso como algo que puede esperar. Y, mientras tanto, su cuerpo les pasa factura, su mente les pasa factura y su vida entera les pasa factura.

La ansiedad por no descansar, por tener tantísima presión, por tener tantas exigencias… no son nada buenas a nivel personal y profesional, ni siquiera en tu propia vida. Ten en cuenta que lo que le hagas a tu mente hoy te va a acompañar toda tu vida, y de verdad que no tienes tanta prisa, y mucho menos por personas que, o bien solo quieren algo de ti, o no te conocen siquiera.

 

Aprender a bajar el ritmo

No te voy a pedir que dejes las redes sociales, ni el móvil ni nada de eso. Voy a pedirte que pienses en ti. Que pienses en ti antes que en las exigencias de los demás, que pienses en lo que te gusta, en lo que te hace feliz, en lo que te da la alegría cada mañana al levantarte…

…y que lo hagas disfrutando, tranquilo, con pausas. Créeme, el mundo no se va a acabar mañana. Y nada merece tanto la pena como dedicarte tiempo a ti, y no a los demás.

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