El origen de la anorexia.

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Se calcula que 400.000 personas sufren anorexia o algún otro trastorno de conducta alimentaria relacionado con el peso insuficiente. Una enfermedad psiquiátrica que aparece en edades cada vez más tempranas. ¿Es un problema de aspecto físico o su origen tiene un trasfondo más profundo?

Los expertos coinciden en no señalar una causa única de la anorexia. Pero tiene más que ver con el rechazo de la persona a algunos rasgos de su personalidad que con su aspecto meramente estético o con las modas sociales.

Esta enfermedad tiene unas repercusiones físicas alarmantes, que preocupan al entorno del enfermo. Se le ve desnutrido, débil y con falta de defensas. Una perdida acuciada de peso implica graves riesgos para la salud. Pero la anorexia es un trastorno obsesivo. Afecta más si cabe a la mente que al cuerpo. Hay que tratar el elemento psíquico para curar la enfermedad.

Tendemos a pensar que la anorexia está relacionada con los estándares estéticos que impone la sociedad moderna. Un tipo de mujer delgada y esbelta, que se impone en los anuncios publicitarios, en las películas o en las pasarelas de moda. Creemos que esa publicidad propicia una visión distorsionada de la realidad en algunas personas. En concreto, en lo que se refiere a su aspecto físico. Piensan que no encajan en ese canon y se obsesionan por cumplirlo. Nunca se ven lo suficientemente delgadas.

Eso es cierto y está ahí, pero no es el elemento determinante. Se trata de un malestar psíquico que se manifiesta a través de la alimentación. El gabinete de profesionales de Centro Uno, un equipo de psicólogos y psiquiatras de Alicante especializado en T.C.A. (Trastornos de Conducta Alimentaria) nos comentan que cuando aparece la anorexia es porque detrás hay mucho más.

¿Qué es la anorexia?

Según la web médica Top Doctors, en un artículo escrito por la psiquiatra María José Serralta Gomis, se define esta enfermedad como una condición psicológica caracterizada por mantener el peso corporal lo más bajo posible.

Afecta sobre todo a niñas y mujeres, aunque no exclusivamente. En los últimos años, ha habido un aumento de casos en el género masculino. Según el Instituto de Investigación Biomédica del Hospital de Bellvitge, en L´Hospitalet del Llobregat (Barcelona), aparece en edades cada vez más tempranas. Entre los 12 y los 15 años.

Una persona que sufre anorexia tiene entre 10 y 12 veces más probabilidades de morir que una persona sana. La anorexia nerviosa conlleva complicaciones somáticas como la ralentización del ritmo cardiaco, hipotensión, episodios de arritmia, fallo hepático, dilatación gástrica, alteraciones hormonales, etc.

Estos son algunos de los síntomas, aparte de la delgadez extrema, que nos pueden poner en sobre-aviso ante un posible caso de anorexia:

  • Fatiga.
  • Insomnio.
  • Cabello quebradizo.
  • Tez amarillenta.
  • Falta de periodos menstruales.
  • Mareos frecuentes.
  • Estreñimiento.
  • Mala tolerancia al frío.
  • Decoloración azul de los dedos.
  • Recuento sanguíneo anormal.

La página web EFE- Salud avisa de un problema aún más preocupante. La anorexia dispara los impulsos suicidas. Uno de cada cinco pacientes de anorexia que muere lo hacen a causa del suicidio.

Un 20% de personas que sufren anorexia nerviosa tienen intentos de suicidio. Esto refleja que detrás de su trastorno alimentario hay un desprecio a la vida y una repulsa a su existencia.

Se trata de un comportamiento autodestructivo consciente cimentado en una serie de valoraciones que el enfermo tiene sobre su propia persona. Y que tiende a justificárselo con argumentaciones convincentes.

Cuando una persona tiene una obsesión por su cuerpo, interrumpe su rutina normal, empieza a hacer cosas extrañas, que antes no hacía, incluso tiene un fracaso escolar o laboral porque ya no presta atención, es importante buscar ayuda profesional. Hay evitar que el problema aumente.

Testimonio.

Ana, que actualmente trabaja de enfermera, nos comenta que tuvo su primer episodio de anorexia a los 14 años. Era una chica perfeccionista, muy exigente consigo misma y algo reservada. Decía no tener muchas amigas, pero las pocas que tenía, eran buenas.

En casa no les preocupaba. Era una buena estudiante y una chica nada conflictiva. Sus padres se empezaron a inquietar cuando la vieron cada vez más delgada. Empezaba a saltarse algunas comidas, iba continuamente al baño a pesarse en la báscula y se empeñaba en comer en su habitación en lugar de hacerlo con los otros miembros de la familia en el comedor. Empezó a salir a correr por las tardes y a hacer ejercicios aeróbicos en la habitación, cuando nunca había sido deportista.

Pasó por una clínica y recuperó peso. Dos años más tarde le detectaron bulimia. Para ella fue muy duro que le volvieran a diagnosticar un trastorno alimentario. Le costó aceptarlo. Había vuelto a utilizar el tema de la comida para escapar de sus problemas y sus frustraciones.

A esta edad, a la exigencia que se autoimponía en los estudios, se le unían las ganas de salir y pasárselo bien, algo que no conseguía hacer, al menos como ella esperaba. Ana no se sentía integrada. Pensaba que los demás le rechazaban por su forma de ser.

Comenzó la universidad. Se desplazó a otra ciudad. Compartió piso con otras compañeras. Cada fin de semana bajaba a ver a sus padres para que no se preocuparan. Sin embargo, en el segundo curso de carrera, con la excusa de los exámenes, se tiraba meses enteros sin ir a casa.

Ana no tenía vida social. Tomaba un café de vez en cuando con alguna compañera de facultad o salía esporádicamente con sus compañeras de piso a dar una vuelta por la ciudad, pero la mayor parte del tiempo lo pasaba en la facultad y en su habitación.

Mientras sus compañeras de piso salían casi todos los jueves de fiesta, ella se quedaba en casa. Decía que le estaba costando mucho sacarse la carrera y que prefería quedarse a estudiar.

En una de esas temporadas en las que apenas bajaba a ver a sus padres, en un periodo de ausencia más largo de lo habitual, sus padres se presentaron en su piso sin avisar. Era un sábado por la mañana. Estaba ella sola en casa. Sus compañeras se habían ido a su pueblo a pasar el fin de semana.

Se sorprendió cuando vio a sus padres en la puerta. Ana dice que lo pasó realmente mal. Su madre se puso a escudriñar en la cocina y en su habitación. Se dio cuenta de cómo realmente vivía. Ana se sentía como un criminal. Como si aquello fuera un registro de la policía.

A pesar de lo brusco que se pudieran comportar sus padres, con el tiempo se dio cuenta de que aquella visita fue un punto de inflexión en su vida. Interrumpió la carrera, volvió a casa e inició un nuevo tratamiento en una consulta con un equipo de psicólogos especializados en Trastornos de Conducta Alimentaria.

Durante aquel tratamiento se centró en curarse. Además de controlar el peso y la masa corporal, en las visitas hablaba con el terapeuta sobre cómo se sentía. En aquel periodo aprendió a ponerse límites, a escucharse, a aceptarse y a elegir. Aprendió a quererse mirándose en el espejo, a gustarse tal y como era y a verse cada día más guapa. Dice que aquello fue lo más duro.

Con el tiempo retomó la carrera y la terminó. Le costó más de tres años. Se obligó a no separarse de sus padres más de quince días. Al terminar la carrera se apuntó a unas oposiciones. En la academia donde se las preparaba conoció a un chico que se preparaba oposiciones a Justicia y empezaron a salir.

Dice que su novio fue decisivo para superar su enfermedad. Al final aprobó las oposiciones y hoy tiene plaza en un hospital provincial.

Un problema psicológico.

La anorexia, en lo fundamental, no viene determinada por los condicionamientos sociales, ni por las modas. Es una manifestación que está más relacionada con problemas de autoestima y de aceptación.

Cada caso de anorexia es único y viene motivado por unas razones particulares. Aparte de controlar el peso y la masa corporal, una cuestión básica para asegurar la salud física de la paciente, es fundamental determinar una causa principal, que suele ser psicológica, y abordarla.

No existen, por lo tanto, un tratamiento estándar. Es necesario atender a las particularidades de cada paciente. Si no se trata la causa que la originó, es complicado superar la enfermedad.

La anorexia está relacionada con episodios de ansiedad y en ocasiones es un síntoma de otra patología psiquiátrica grave. Por ejemplo, puede ser la vía de salida de una depresión profunda.

Se han dado casos de pacientes en los que una vez se ha controlado la anorexia, la depresión ha derivado en autolesiones. La paciente había vuelto a comer, pero, sin embargo, comenzaba a hacerse cortes en los brazos con instrumentos punzantes o cortantes.

Es un error echarle las culpas a la sociedad sobre la existencia de la anorexia u obligar a un enfermo a comer sin más. Sin investigar cuáles son las razones de fondo que han conducido a que aparezca la enfermedad.

 

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