Odontología preventiva: la medida más completa para nuestra salud bucodental.

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La salud de la boca siempre se ha visto como un aspecto meramente estético, aunque en realidad va mucho más allá de una sonrisa bonita. Los dientes, las encías y todo el entorno bucal cumplen un papel fundamental en nuestra vida diaria, y delimitan aspectos importantes como la forma en la que comemos o la manera en que hablamos o nos relacionamos con los demás. Cuidar esta parte del cuerpo a través de la odontología preventiva significa adelantarse a posibles problemas, detectar riesgos antes de que se conviertan en algo serio y, sobre todo, disfrutar de una sensación de bienestar general que se refleja en toda la persona.

Esto es precisamente en lo que se centra la odontología preventiva: comprende un conjunto de técnicas, cuidados y hábitos que buscan proteger la boca frente a la aparición de enfermedades. Se apoya en revisiones cada cierto tiempo y en tratamientos diseñados para reforzar el esmalte, sellar posibles puntos vulnerables y mantener un nivel de higiene superior al que se alcanza en casa con el cepillado.

Lo fascinante de esta medida es que, gracias a ella, se logra prolongar la vida de los dientes naturales, se evitan complicaciones que afectarían a la salud general y se contribuye a mantener una apariencia más sana y luminosa

Dicho esto, vamos a conocer a continuación qué tipo de soluciones propone la odontología preventiva.

Profilaxis.

Aunque muchas personas se cepillen después de cada comida, la placa bacteriana encuentra siempre un espacio para adherirse a zonas que resultan difíciles de alcanzar. Entre los dientes, en el borde de las encías o en las rugosidades naturales de la superficie dental, se acumula poco a poco una capa invisible que, con el tiempo, se endurece hasta convertirse en sarro.

Para tratar y prevenir este problema, surge la profilaxis. Desde el centro Polident cuentan que este tratamiento consiste en una limpieza que realiza un odontólogo o higienista dental con herramientas específicas. A través del uso de ultrasonidos para desprender el sarro se empieza a tratar el problema, para después, dar paso a instrumentos manuales que terminan con los restos más resistentes. Finalmente, una pasta especial pulimenta los dientes y los deja con una superficie lisa y brillante.

La sensación tras una profilaxis resulta muy agradable: los dientes parecen más claros, la lengua percibe suavidad al recorrer la boca y el aliento se mantiene más fresco. Lo más interesante, sin embargo, es que este procedimiento reduce en gran medida el riesgo de gingivitis, periodontitis o caries, ya que las bacterias pierden su base de apoyo.

Los expertos suelen recomendar realizar una profilaxis al menos una vez al año, aunque en algunos casos puede ser aconsejable aumentar la frecuencia. Pacientes con tendencia a acumular sarro, personas con aparatos de ortodoncia o quienes tengan encías delicadas se benefician especialmente de este cuidado.

Además, la profilaxis ayuda a que el odontólogo pueda revisar la boca con detenimiento y detectar a tiempo cualquier signo de alarma (pequeñas manchas en el esmalte, zonas de sensibilidad o inflamaciones incipientes, las cuales se identifican con facilidad cuando la boca está limpia).

Selladores de fisuras.

La superficie de los molares presenta un relieve natural lleno de surcos, hoyuelos y pequeñas fisuras. Estas formas, que sirven para triturar mejor los alimentos, representan también una zona muy vulnerable, puesto que en ellas se acumulan restos de comida y bacterias que, aunque la persona se cepille con esmero, resultan muy difíciles de eliminar por completo.

Para reducir el riesgo de caries en estos puntos, los profesionales utilizan los selladores de fisuras. Se trata de un procedimiento sencillo y totalmente indoloro que consiste en rellenar los surcos con resina o ionómero de vidrio, que se endurece rápidamente y crea una barrera protectora. La gran ventaja es que el sellador actúa como una cubierta invisible: los alimentos ya no pueden quedar atrapados en esas zonas y el cepillado se vuelve más eficaz. De esta manera, las bacterias pierden su espacio preferido para desarrollarse.

Estos selladores pueden aplicarse en niños y adolescentes, ya que en estas edades la erupción de los molares definitivos conlleva un riesgo muy alto de caries. No obstante, cada vez más adultos también se benefician de esta medida, sobre todo quienes tienen un esmalte más frágil o una tendencia genética a desarrollar lesiones.

Lo curioso es que, al ser un tratamiento tan rápido, apenas requiere unos minutos en consulta: el dentista limpia el diente, aplica un gel que prepara la superficie, coloca el sellador y lo endurece con una luz especial. Gracias a esto, el paciente sale de la clínica sin molestias, con la posibilidad de comer o beber de inmediato y con un nivel de protección reforzado durante años.

De hecho, los estudios muestran que los selladores pueden permanecer intactos durante mucho tiempo, aunque conviene revisarlos en cada visita al dentista para comprobar que se mantienen en perfecto estado.

Aplicación de flúor.

Sin duda, el flúor se ha ganado un lugar imprescindible en la odontología preventiva. Se trata de un mineral que tiene la capacidad de reforzar la estructura del esmalte, volviéndolo más resistente frente al ataque de los ácidos producidos por las bacterias.

La aplicación profesional de flúor se realiza en forma de gel, barniz o espuma que se coloca sobre los dientes durante unos minutos. Al hacerlo de manera controlada, se consigue una concentración mucho mayor que la que ofrecen los dentífricos o los enjuagues de uso doméstico.

El efecto principal es la re mineralización del esmalte; cuando este se debilita, aparecen las llamadas lesiones incipientes de caries, pequeñas zonas blanquecinas que representan el inicio de un problema. Con el flúor, esas zonas recuperan parte de su dureza y se evita que evolucionen hacia cavidades más graves. Además, el flúor reduce la sensibilidad dental, algo muy valorado por quienes experimentan molestias al tomar bebidas frías, calientes o dulces. Su capacidad para formar una especie de capa protectora ayuda a bloquear esos estímulos y mejora la calidad de vida en lo cotidiano.

Este tratamiento resulta especialmente recomendable en niños, adolescentes y personas con mayor propensión a la caries, aunque prácticamente cualquier paciente puede beneficiarse de él. Al igual que en el caso de la profilaxis, su aplicación periódica refuerza la prevención y multiplica la eficacia de los cuidados diarios.

La conexión entre la boca y la salud general.

Una de las cosas más interesantes de la odontología preventiva es que no se limita a mantener la boca en buen estado: existe una estrecha relación entre la salud bucodental y la salud general del organismo. Las infecciones orales, por ejemplo, pueden favorecer problemas cardiovasculares, respiratorios o incluso complicaciones durante el embarazo.

Cuando las encías se inflaman y sangran, las bacterias encuentran una puerta de entrada hacia el torrente sanguíneo. Desde ahí, pueden desplazarse a otras zonas del cuerpo y generar una reacción inflamatoria que afecta a distintos órganos. Por esta razón, los especialistas subrayan la importancia de mantener la boca libre de placa y sarro, ya que actúa como un foco silencioso de riesgos.

Al mismo tiempo, una boca bien cuidada mejora la nutrición de cualquiera. Comer sin dolor, masticar correctamente y mantener un buen estado de los dientes da paso a una digestión más completa y un mejor aprovechamiento de los alimentos. De igual modo, la pronunciación mejora, y la seguridad en uno mismo aumenta, ya que la sonrisa se convierte en una carta de presentación que transmite salud y confianza.

Un enfoque completo y adaptado a cada persona.

Cada paciente presenta una situación distinta y, por tanto, un plan de odontología preventiva debe personalizarse. La edad, los antecedentes familiares, el tipo de alimentación, la presencia de ortodoncia, el nivel de higiene en casa y hasta el consumo de determinados medicamentos influyen en el estado de la boca:

  • Un niño en plena erupción de sus molares definitivos se beneficia principalmente de los selladores de fisuras.
  • Un adulto que trabaja muchas horas y tiene poco tiempo para cepillarse necesita una profilaxis periódica para compensar.
  • Una persona mayor con sensibilidad en los dientes encuentra en la aplicación de flúor una herramienta muy valiosa.

El odontólogo analiza todos estos factores y diseña un programa preventivo que combina las medidas necesarias para reforzar la salud bucodental de manera eficaz.

La odontología preventiva es sin duda, una gran inversión en bienestar.

Pensar en la odontología preventiva como un gasto sin más resulta un error, ya que, en realidad, se trata de una inversión en calidad de vida. Cada limpieza profesional, cada aplicación de flúor o cada sellado de fisuras representa un paso para evitar problemas que podrían resultar más difíciles, dolorosos y por qué no decirlo: caros.

Asimismo, una boca sana transmite frescura, seguridad y vitalidad.

Y lo mejor de todo esto es que, aunque la odontología preventiva se centre en procedimientos relativamente sencillos, su repercusión se extiende a todos los ámbitos de la vida, como hemos podido comprobar: mejora la relación con la comida, facilita la interacción social, protege la salud general y ofrece una sensación constante de bienestar.

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